El movimiento antivacunas en seis interesantes artículos

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    • Como sabéis, tras 28 años sin aparecer un caso de difteria en España, esta semana hemos conocido que hay un niño ingresado por esta enfermedad en la UVI del hospital Vall d'Hebron, en Barcelona.

       

      ¿Por qué nos debe interesar un tema como la vacunación en una comunidad orientada hacia pacientes crónicos? En primer lugar, porque creemos que todos los temas de salud, y más si son de salud pública, son dignos de tratarse en un espacio donde existe interés por ello. Además, como apunta Jennifer Raf en el primer artículo que recomendamos sobre creencias & hechos en torno a las vacunas: "hay algunas personas que no pueden vacunarse porque son inmunodeficientes, o porque son alérgicas a algún componente. Esa gente depende de la inmunidad colectiva para su protección. Las personas que deciden no vacunar a sus hijos frente a enfermedades infecciosas no solo están arriesgando la salud de sus hijos, sino también la de otros niños."

       

      Por eso, queremos acercaros varios artículos que hemos ido leyendo en los medios estos días para enfocar el tema del movimiento antivacunas desde distintos ángulos.

       

                 

       

      EL ORIGEN DEL MOVIMIENTO ANTIVACUNAS

      Sin duda, uno de los enfoques más interesantes para conocer por qué se ha producido tanto ruido alrededor de este tema es el aportado por Luis Alfonso Gámez, explicando el origen del movimiento antivacunas moderno.

       

      El movimiento antivacunación tiene su origen en una investigación del médico británico Andrew Wakefield publicada en 1998 en la revista The Lancet. Tras examinar a doce niños autistas, él y sus colaboradores aseguraron que había una conexión entre la administración de la triple vírica –vacuna que protege contra el sarampión, la rubeola y la parotiditis (paperas)– y ese trastorno. Aunque la comunidad científica recibió el hallazgo con escepticismo por lo pequeño de la muestra, el estudio tuvo un gran impacto mediático en el Reino Unido.

      Ningún otro equipo científico obtuvo los mismos resultados que el de Wakefield. En 2004, diez de los coautores de la investigación original retiraron su firma del artículo que había desatado la tormenta. Instantáneamente, The Lancet publicó una rectificación poniendo en duda las conclusiones del trabajo, que acabó retirando de sus archivos en febrero de 2010.

      En enero de 2011, después de siete años de investigación, el periodista Brian Deer desveló en The British Medical Journal que Wakefield había planificado una serie de negocios para obtener millones aprovechándose del miedo hacia las vacunas que su fraudulenta investigación iba a infundir al público.

       

      Otro artículo de interés para conocer mejor el fenómeno es el escrito por Jesús Hidalgo, que intenta acercarse al perfil de estos padres comentando el estudio de una antropóloga norteamericana que pasó varias semanas en la comunidad de California donde hace unos meses un brote de sarampión acabó contagiando a 131 personas. Según esta antropóloga, "eran personas que se tomaban realmente en serio la salud de sus hijos, además de enorgullecerse de ser pensadores independientes y profundamente escépticos con las grandes corporaciones, instituciones internacionales y gobiernos." Un pensamiento crítico, apunta, que "va formando un sentimiento de identidad que va reforzando la actitud antivacunas y se va convirtiendo en norma cultural de la que los padres son reacios a desviarse."


      LA INFORMACIÓN EN INTERNET

      Uno de los temas paralelos en el auge de los movimiento antivacunas tiene que ver con "cuál es la influencia de internet y las agresivas campañas del lobby anti-vacunas en este descenso de la confianza de una parte del público." Un frente importante, porque según explican en Mobile Health Global "parece que los anti-vacunas están ganando la estrategia comunicativa en la red, donde sus contenidos llaman más la atención que las campañas de las autoridades sanitarias, y sus webs suelen estar mejor situadas en los buscadores".  Por último, destacan cómo "es necesario replantearse la política comunicativa de las autoridades sanitarias en materia de vacunación. Pues aunque los anti-vacunas sean una minoría, pueden perjudicar seriamente los programas de inmunización."


      En este frente, en el de la divulgación online, ha sido interesante leer el planteamiento de Armando Bastida, enfermero de pediatría, que analiza el comunicado de un grupo antivacunas ante este último acontecimiento de Barcelona, para replicar los argumentos que contiene.


      ¿ES POSIBLE CONVENCER A LOS PADRES ANTIVACUNAS?

      Nos gustaría cerrar este breve repaso por algunos de los artículos más relevantes para conocer mejor este fenómeno del movimiento antivacunas, aportando una reflexión sobre la mejor manera de convencer a los padres reacios a la vacunación. Un artículo de Javier Salas en el que, tras explicar qué tipo de estrategias no han conseguido buenos resultados, porque según Brendan Nyhan "tendemos a sobreestimar la capacidad de persuasión que los datos y la ciencia tienen sobre la gente en temas polémicos", apunta hacia la vía del "diálogo, la empatía, escuchar a los padres y aprovechar la confianza en los médicos de cabecera" como el mejor camino. Es más, según un estudio publicado por la pediatra Allison Kempe, "entre las estrategias que mejor habían funcionado para convencerles, la que más ayudó: que el médico les hablara desde su propia vivencia con sus hijos, seguida de la estrategia de conversar sobre su experiencia como médico con la seguridad de las vacunas."


      ¿Qué opináis sobre el movimiento antivacunas? ¿Qué medidas os parecen más oportunas tomar, o no, ante estos casos de contagios tras la negativa a vacunarse? Nos encantaría conocer vuestra opinión, adelante. 


      Imagen: olgsextrecuencas. 

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