Las dificultades para explicar a tu entorno una enfermedad crónica

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    • Dedicado buena parte de su vida al estudio y la investigación del comportamiento humano, Juan Moisés de la Serna, Doctor en Psicología, es uno de esos miembros de redpacientes que tienen algo que contar y que quiere compartirlo con los demás. Mantiene un espacio de gran interés que os animamos a conocer, y nos ha dejado este artículo para reflexionar, ¡ahora os toca comentarlo!


      Una de las mayores dificultades a las que se enfrenta una persona que le han diagnosticado una enfermedad crónica es determinar hasta qué punto quiere que permanezca como algo privado, o si quiere compartirlo con sus familiares, amigos y allegados. Igualmente se le plantea cuánto ha de contar, ya que en ocasiones hay que dar “muchas” explicaciones cuando se trata de una enfermedad no muy conocida.

              

        

      La situación se convierte en algo “más complicado” cuando la enfermedad o las consecuencias del tratamiento además lleva asociado cambios físicos externos evidentes, lo que origina “curiosidad” por parte de familiares, conocidos y amigos.

       

      Antes de poder dar una respuesta adecuadas a estas personas, hay que tener en cuenta que el paciente debe de asumir y conocer su propia situación y cómo ésta va a ir evolucionando, ya que si ella misma no lo tiene claro, difícilmente puede transmitírselo al resto.

       

      Además algunas enfermedades además de la “carga” física y emocional conllevan tiene cierta estigmatización social, por lo que si la persona lo comparte, puede tener reacciones “negativas” del resto, ya sea de alejamiento o de “desaprobación”.

       

      En cualquier caso, lo primero que hay que recordar es que se trata de un paciente, y que está luchando por superar una enfermedad crónica, y por lo tanto debe de prestar toda la atención posible al tratamiento y a su recuperación.

       

      Los “demás” de alrededor, si ayudan y apoyan, son bienvenidos, si no, es mejor no tenerlos demasiado en cuenta, ya que lo único que van a hacer es “agotarnos” mentalmente, tratando de explicarnos, casi justificarnos sobre nuestra enfermedad.

       

      Además hay que establecer una escala de valores con respecto a las personas que nos importan, y es a ellas, con las que tengamos más confianza, con las que podemos contar para explicarle de nuestra enfermedad cuando estemos preparados, pues son esas personas quienes nos pueden servir de puntal en el que apoyarnos cuando nuestras fuerzas flaqueen.

       

      Es cierto que uno no va a saber cómo va a reaccionar el otro hasta que no se le dice, pero si existe una reciprocidad en cariño o amistad, la otra persona acabará por aceptar la situación y ayudarte y apoyarte en éste duro trance de la vida.

       

      Si ves que se aleja y que no quiere saber nada, cuando más la necesitas, quizás no era tan buen amigo como creías; a pesar de lo cual tienes que aceptar su reacción, aunque no la compartas.


      Decírselo o no decírselo a familiares y amigos, una decisión que “no corre prisa”, ya que primero hay que tener las ideas claras, y luego priorizar con quién se quiere compartir.

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