Espondilitis Anquilosante Espondilitis anquilosante

La espondilitis anquilosante, también conocida como espondilitis anquilopoyética, es una de las formas más frecuentes de espondiloartropatías, que afecta primariamente a la espina dorsal o espalda. El término "espondil" hace referencia a la espina dorsal, "itis"  significa inflamación y anquilosante es un término que proviene de la palabra griega ankylos y significa soldadura, fusión.

Es un proceso reumático inflamatorio crónico, en el cual las articulaciones y los ligamentos que normalmente permiten a la espina moverse y flexionarse se inflaman causando dolor y rigidez. Afecta principalmente a las articulaciones vertebrales en general y a las sacroilíacas -encargadas de unir la columna vertebral con la pelvis-, en particular. Generalmente comienza en la parte baja de la espalda y con el tiempo, la enfermedad puede progresar a la espina superior, pecho y cuello.

Como resultado, las articulaciones y las vértebras pueden fusionarse, causando que la espina se vuelva rígida e inflexible. Otras articulaciones, tales como las caderas, los hombros, las rodillas o los tobillos también se pueden inflamar.


1. ¿Qué tengo?

1.1 Definición

La columna vertebral constituye el eje óseo del tronco y sostiene el cráneo y consta de cinco regiones con un total de 33 vértebras, dividiéndose en:

  • Región cervical (7 vértebras, C1-C7)
  • Región dorsal, con las que se articulan las costillas para formar la caja torácica (12 vértebras, T1-T12)
  • Región lumbar (5 vértebras, L1-L5)
  • Región sacra (5 vértebras, S1-S5). El sacro, a su vez, se une al resto de la pelvis por medio de las articulaciones sacroilíacas.
  • Región coxígea (4 vértebras, inconstantes)

La espondilitis anquilosante aparece habitualmente de forma lenta y gradual. Suele manifestarse con fases de dolor en la región lumbar que irradian hacia las nalgas e incluso por la cara posterior del muslo, confundiéndose así con problemas en el nervio ciático.

Esta enfermedad evoluciona produciendo brotes o ataques de inflamación de las articulaciones de la columna vertebral, o de otras articulaciones como los hombros, las caderas, las rodillas o los tobillos. Entre ataque y ataque, generalmente, el paciente se queda sin síntomas de dolor y mantiene una actividad cotidiana normal.

Con la edad los brotes suelen distanciarse y ser cada vez más leves. Hoy en día es poco frecuente que la espondilitis anquilosante sea grave, es decir, que se suelden todas las vértebras, dejando a la persona anquilosada y rígida.

Esto es debido a que en la actualidad se puede ofrecer un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado, que puede reducir y prevenir una mayor deformidad, controlando mejor el dolor y la rigidez asociados con la espondilitis anquilosante.

La severidad de los síntomas y la discapacidad varían de persona en persona. Es una enfermedad frecuente, sobre todo en la raza blanca (0,5 - 1% de la población que habitualmente aparece en varones entre los 20 y los 30 años de edad. En mujeres es menos frecuente y suele ser más leve. La probabilidad de que una persona menor de 45 años con dolor lumbar de más de tres meses de evolución tenga una espondilitis es menor del 5%.


1.2 Causas

Se desconocen las causas que producen esta enfermedad inflamatoria crónica. Sin embargo, los últimos años de investigación han permitido conocer mejor los mecanismos que desencadenan el proceso y el/los posibles agentes responsables.

Se sabe que hay un factor genético que está implicado en el desarrollo de la espondilitis anquilosante y que está presente en un 90% de las personas que padecen esta enfermedad.

Este gen específico se transmite por herencia genética y se denomina antígeno de histocompatibilidad HLA-B27. Pertenece a un grupo de genes que están involucrados en el sistema inmunológico, el cual defiende el cuerpo contra las infecciones. La posesión del antígeno HLA-B27 parece causar una respuesta anormal de la persona a la acción de determinados gérmenes, y probablemente la conjunción de estos dos factores desencadene la enfermedad.

Presentar este antígeno HLA-B27 en el organismo no implica necesariamente padecer espondilitis anquilosante. Aproximadamente el 7% de la población española lo posee. En este grupo, el riesgo de desarrollar la enfermedad es del 5%. Es decir de cada 1000 personas, sólo 70 tienen esa señal en sus células, y de estas 70, sólo 4 desarrollarán la enfermedad.

De hecho, una persona portadora del gen HLA-B27 que no tiene familiares con espondilitis anquilosante tiene solamente un 2% de riesgo de padecer esta enfermedad. Sin embargo, dicho riesgo es algo mayor si el resultado del test para el antígeno HLA-B27 es positivo y si algún familiar (padre o hermano) padece la enfermedad, aumentando la probabilidad a un 20%.

Un 5% de enfermos de espondilitis no es portador del HLA-B27, hecho que evidencia que no es necesaria la presencia de esta glicoproteína para desarrollar la enfermedad y que hay otros factores ajenos al HLA-B27, todavía no conocidos, que influyen en que aparezca.

Estudios recientes se han enfocado en diversas bacterias que aprovecharían las debilidades del sistema digestivo para entrar al organismo, que pudieran influenciar en el desarrollo de la enfermedad, pero aún no se ha detectado un agente infeccioso definido o específico.

Y en redpacientes: Últimas noticias en la genética de las espondiloartritis: HLA-B27 y ERAP1

                                La prevalencia del HLA-B27 parece disminuir en personas mayores 

1.3 Síntomas

Los síntomas tempranos más comunes de la espondilitis anquilosante son el dolor crónico y la rigidez de la espalda baja y las caderas, debido a la inflamación que se produce alrededor de la coyuntura sacroilíaca, donde la espina baja se une a la pelvis.

Aparece como un dolor lumbar o lumbago, de tipo inflamatorio, que se manifiesta de forma lenta y paulatina, no pudiendo precisarse con exactitud el instante en el que comenzó el síntoma. Este malestar generalmente se desarrolla por varias semanas o meses y en contraste con el dolor de espalda de diferente origen, el dolor asociado a la espondilitis anquilosante es peor durante periodos de descanso o de inactividad. De esta forma el dolor suele ser máximo en las últimas horas de la noche y en las primeras de la madrugada, cuando el paciente lleva un largo rato en la cama. La mayoría de los enfermos notan un alivio o incluso la desaparición del dolor al levantarse y caminar.

Según avanza el tiempo, el dolor y la rigidez pueden progresar a la columna dorsal e incluso a la cavidad de las costillas y al cuello. Las vertebras se van fusionando y la columna pierde flexibilidad, produciéndose dolor en la unión de las costillas al esternón, limitándose por tanto la expansión normal del pecho y dificultando la respiración.

La inflamación y su consecuente dolor puede aparecer también en las articulaciones de las caderas, hombros, rodillas o tobillos, o en las zonas del esqueleto donde se fijan los ligamentos y los tendones a los huesos (dolor en el talón, en el tendón de Aquiles, etc.)

La espondilitis anquilosante es una enfermedad sistémica, lo que significa que puede afectar a otros órganos del cuerpo.

Los síntomas que pueden aparecer son:

  • Movimientos limitados y rigidez en la parte baja de la espalda.
  • Rigidez y dolor en la cadera.
  • Expansión limitada del tórax, que provoca una disminución de la función de los pulmones.
  • Rango limitado del movimiento, especialmente involucrando la columna y las caderas.
  • Dolor articular e inflamación articular en los hombros, rodillas y tobillos.
  • Dolor en el cuello.
  • Dolor en los talones.
  • Encorvamiento crónico para aliviar los síntomas.
  • Fatiga.
  • Inflamación de algunas partes del ojo (uveítis ocurre en una cuarta parte de los enfermos y se manifiesta como dolor y enrojecimiento ocular.
  • Fiebre leve.
  • Pérdida del apetito.
  • Inflamación en órganos como pulmones y corazón (ocurre muy raramente)

1.4 Diagnóstico

Ofrecer un diagnóstico resulta una tarea compleja, ya que los síntomas que presentan los enfermos de espondilitis anquilosante pueden ser similares a los que se presentan en otras condiciones, tales como la psoriasis, la artritis reactiva (síndrome de Reiter) y enfermedad inflamatoria del intestino. En Europa el retraso en el diagnóstico se sitúa alrededor de los 7 años, según el grupo Gresser, Grupo Español para el Estudio de las Espondiloartritis de la Sociedad Española de Reumatología. 

Es por ello que los especialistas cuentan con diferentes pruebas diagnósticas para descartar otras patologías y poder así, ofrecer un diagnóstico acertado.

Lo primero que hacen es una anamnesis del paciente, es decir, una recopilación de información proporcionada por el propio paciente al médico durante una entrevista clínica, con el fin de incorporar dicha información sobre el comienzo de los síntomas, descripción de los mismos, etc. en la historia clínica.

La exploración física es importante y las limitaciones motrices típicas de personas con espondilitis anquilosante se pueden medir con bastante precisión con métodos simples (medición de la distancia del mentón al esternón, medición de la distancia entre la parte posterior de la cabeza y la pared, medición de la reducción paulatina del volumen pulmonar, etc.).

Si la descripción proporcionada y la exploración física, con indicios del movimiento limitado de la columna o de la expansión torácica, hacen sospechar al reumatólogo de una posible espondilitis anquilosante, realizará pruebas radiográficas para confirmar el diagnóstico.

Las radiografías se realizan a nivel de pelvis y columna vertebral, lo que permite observar si existe inflamación en la región sacroilíaca y en las vértebras. Otra técnica utilizada es la gammagrafía ósea. Si los rayos X resultan cuestionables, se puede hacer una prueba más sensible, la tomografía axial computerizada (TAC).

El diagnóstico también se puede apoyar mediante evaluaciones analíticas de sangre y de orina, que determinan la presencia del antígeno HLA-B27 en las células de la sangre, la mayor o menor intensidad del proceso inflamatorio que sufre el paciente.


1.4.1 Criterios diagnósticos para espondilitis anquilosante

Criterios clínicos

  • Dolor lumbar y rigidez durante más de 3 meses que mejora con el ejercicio, pero no alivia con el reposo.
  • Limitación de la movilidad de la columna lumbar en planos frontal y sagital.
  • Limitación de la expansión torácica (en relación a valores normales y corregido)

Criterios radiológicos

  • Sacroilitis grado > 2 bilateralmente
  • Sacroilitis grado 3-4 unilateralmente.

1.4.2 Grados de la espondilitis anquilosante

Espondilitis anquilosante definida si el criterio radiológico se asocia al menos con un criterio clínico.

Espondilitis anquilosante probable si:

  • Están presentes los 3 criterios clínicos.
  • El criterio radiológico debe estar presente sin ningún signo o síntoma que satisfaga el criterio clínico. Otras causas de sacroilitis deben ser consideradas.

La Sociedad Española de Reumatología está desarrollando iniciativas como el "Programa ESPeranza" destinadas a disminuir dicho retraso en el diagnóstico, a fin de que los pacientes lleguen a los Servicios de Reumatología sin ningún deterioro estructural.


1.5 Enfermedades asociadas

La espondilitis anquilosante se presenta como una enfermedad aislada la mayoría de las veces, aunque, en algunos casos puede asociarse a una enfermedad de la piel llamada psoriasis o a enfermedades inflamatorias del intestino.

2. ¿Qué hago ahora?

2.1 Tratamientos

La rehabilitación permanente constituye el pilar más importante en el tratamiento de esta enfermedad
La espondilitis anquilosante es una enfermdad que actualmente no tiene ningún tratamiento capaz de curar definitivamente la enfermedad. Sin embargo, sí existen una serie de medicamentos eficaces y técnicas de rehabilitación enfocados a reducir el dolor y la rigidez, para prevenir deformaciones. Esto permite una buena movilidad y ayuda al paciente a continuar con sus actividades normales.

En la actualidad los reumatólogos disponen de tratamientos farmacológicos que han demostrado gran eficacia, entre ellos encontramos:


2.1.1 Tratamientos farmacológicos

2.1.1.1 Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs)

Reducen el dolor y la rigidez en una gran parte de los pacientes, ya que disminuyen e incluso suprimen la inflamación articular. Ayudan a conseguir mayor actividad física y a la obtención de un mejor estado general, además de ejercer una función analgésica. Esta mejoría permite al paciente un adecuado reposo nocturno.

Estos fármacos no producen habituación, ni adicción, por lo que pueden tomarse en periodos prolongados de tiempo, vigilando su uso en aquellas personas con antecedentes de úlcera de estómago de duodeno o con problemas de riñón. Algunos ejemplos de este tipo de fármacos son la indometacina, el ibuprofeno y el naproxeno.


2.1.1.2 Antireumáticos modificadores de la enfermedad (FARMEs)

Reducen la inflamación y también pueden retrasar o parar el progreso de la enfermedad. Se administran a pacientes con una evolución de la espondilitis anquilosante más importante y cuando se ven afectadas otras articulaciones además de la columna vertebral. Los más utilizados son la sulfasalazina y el metotrexato y generalmente van asociados a fármacos antiinflamatorios.


2.1.1.3 Agentes biológicos inhibidores FNT (Factores de necrosis tumoral)

Forman parte de los fármacos biológicos, estas terapias están diseñadas para que actúen sobre una diana terapéutica específica. Están dirigidos específicamente a los componentes de la respuesta inmunológica que están interviniendo en la enfermedad, y han supuesto un gran avance en el tratamiento y control de la progresión de la espondilitis anquilosante.

Los autorizados en el momento actual son Infliximab, Etanercept y Adalimumab (aunque aparecerán otros nuevos en el futuro pudiéndose emplear en los casos en los que otros fármacos no han sido efectivos.


2.1.1.4 Medicación de apoyo

En la mayoría de los casos, se recetan protectores gástricos como el omeprazol o el lansoprazol, ya que al tratarse de una enfermedad crónica, es decir, con largos tratamientos, pueden producirse erosiones en la mucosa gástrica.


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2.1.2 Rehabilitación permanente

Constituye el pilar más importante en el tratamiento de esta enfermedad. Se basa en la realización de ejercicios físicos reglados y ejercicios respiratorios orientados a:

  • Fortalecer la espalda y el cuello y así mantener o mejorar la postura.
  • Evitar la rigidez y la pérdida de movilidad de la columna vertebral.

Los ejercicios aeróbicos de intensidad moderada y de respiración profunda, que aumenten la capacidad pulmonar al expandir la caja torácica y movilicen en todo su recorrido las articulaciones periféricas son beneficiosos. Al igual que la práctica deportiva que permita la extensión de la espalda, y que mantenga la movilidad de hombros y caderas. En este sentido, la natación es el mejor ejercicio, ya que ayuda a conservar la flexibilidad en espalda, cuello, hombros y caderas y se ejercitan todos los músculos de forma equilibrada. Se deben evitar los deportes y ejercicios de contacto y colisión física, por la posibilidad de traumatismo articular y óseo. Así mismo, no son recomendables los deportes que como el golf, obliguen a la flexión continua de la espalda.

El Grupo Español para el Estudio de las Espondiloartritis (Gressser de la Sociedad Española de Reumatología, ha desarrollado una iniciativa, Escuela de Espondilitis, que consiste en mejorar la formación de los afectados a través de sesiones de educación impartidas por profesionales sanitarios. Los objetivos de esta iniciativa son proporcionar al paciente con espondilitis anquilosante información sobre la enfermedad y sus tratamientos farmacológicos y no farmacológicos, ofrecerles recomendaciones psicológicas y proporcionarles un programa completo y homogéneo de fisioterapia domiciliaria (30 ejercicios para realizar en sus domicilios y 10 ejercicios para la piscina). Una vez comprobado que el programa es útil y que ha tenido una acogida muy favorable entre los pacientes que han participado en el mismo, se procederá a su generalización, con la distribución progresiva del material didáctico a los Servicios de Reumatología de toda España.

En resumen, el manejo global del paciente con espondilitis anquilosante consiste en la combinación de un tratamiento farmacológico adecuado con una serie de medidas no farmacológicas entre las cuales la educación y el ejercicio físico tienen un papel fundamental.


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2.1.3 Cirugía

Contribuye poco al tratamiento de la espondilitis anquilosante, aunque es una de las intervenciones quirúrgicas realizadas sobre articulaciones muy dañadas que tengan una movilidad muy escasa (fundamentalmente la cadera en aquellos pacientes con una evolución más importante de la dolencia.

Generalmente la operación consiste en implantar una prótesis, que hará la función de la articulación dañada, permitiendo que los pacientes vuelvan a usar las coyunturas que han sido afectadas por al espondilitis anquilosante y generando un alivio del dolor y una recuperación de la movilidad perdida.

Los reemplazos de cadera, rodilla y hombro se están volviendo muy exitosos en personas con espondilitis anquilosante. No hay límite de edad para implantar las prótesis.


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2.1.4 Prevención

Es muy importante la educación sobre la enfermedad del paciente, ya que ésto le permitirá aceptar sus limitaciones para evitar una mala evolución de la enfermedad y mejorar su calidad de vida

Existen una serie de recomendaciones para el cuidado de la columna vertebral, que es aconsejable que los enfermos de espondilitis anquilosante sigan para no empeorar los síntomas de la enfermedad:

  • Evitar las malas posturas. Mantener una postura correcta durante el trabajo y el descanso nocturno para contrarrestar posibles alteraciones en la estática y dinámica de la columna vertebral.
  • No utilizar fajas o corsés que inmovilicen la columna.
  • No estar demasiado tiempo en la cama o sentado. Usar un colchón duro y una almohada fina
  • No coger demasiado peso.
  • No fumar, por el importante deterioro en la función pulmonar que se añade al producido por la rigidez de la caja torácica.
  • Darse una ducha matinal para relajar los músculos y aliviar la rigidez matutina.
  • Hacer ejercicio físico moderado a diario que fortalezca la musculatura abdominal y espinal.

3. ¿Hay otros como yo?

3.1 Prevalencia

La espondilitis anquilosante es una enfermedad que aparece generalmente en la adolescencia o en la juventud, entre los 15 y 30 años de vida. Antiguamente se pensaba que la dolencia se presentaba con el triple de frecuencia en hombres que en mujeres, pero ésto no parece ser cierto, ya que en mujeres los síntomas se presentan de forma mucho más leve y su diagnóstico es más complejo, aunque si hay mayor predominancia en hombres. Cerca del 5% de las personas con espondilitis la han desarrollado durante su infancia y los síntomas normalmente empiezan en las caderas, rodillas, talones o el dedo gordo del pie y después progresan a la espina. Y sólo en el 5% de los casos la espondilitis aparece después de los 40 años de vida.

El hecho de la transmisión genética del HLA-B27 explica el por qué la espondilitis aparece con más frecuencia en determinadas razas y dentro de éstas en determinadas familias. Es una enfermedad frecuente , sobre todo en la raza blanca (0.5-1% de la población) y ocurre tres veces más en caucásicos que en áfrico americanos.

La prevalencia de la espondilitis anquilosante se sitúa entre el 0,1 y el 0,3 por ciento, lo que supone alrededor de medio millón de pacientes en España. Aunque es bastante complicado determinar el porcentaje debido al diagnóstico tardío de muchos de los enfermos, ya que sus dolencias se confunden a veces con lumbalgias crónicas inespecíficas o con otras afecciones.

3.2 Casos como el tuyo

Compartir las experiencias, vivencias, miedos e inquietudes que despierta la espondilitis anquilosante en los pacientes y familiares, es un aspecto que consideramos importante en redpacientes, porque ayuda a otros miembros a sentirse identificados y a conocer mejor aspectos de esta dolencia. Por eso, hemos creado la sección "Casos como el tuyodonde nuestros miembros pueden explicar su historia, su evolución, etc. en definitiva, su convivencia con la espondilitis anquilosante.


Algunos de los casos que podéis leer en esta sección:

  • Mi inicio con la EA, evolucionamos: Desde hace casi dos meses POR FIN me han puesto nombre a que me espera, EA. Después de más de 10 años (quizás más) con dolores lumbares, rigidez, ciáticas y tras varias consultas a diferentes médicos, ciclos de rehabilitación...., para mi personalmente ha sido un "alivio" saber lo que tengo para poder afrontar de la mejor manera posible la enfermedad.

  • Por qué NO a mi???: Me diagnosticaron EAA hace poco mas de 1 año, nunca pensé que era más que simples dolores lumbares, pero cuando comenzaron ha apoderarse del cuerpo entero, entré en el miedo y sospeché que algo se venía.

  • Dolor mi más fiel seguidor: Fui con un médico reumatólogo y ¡bingo! diagnóstico de espondilitis anquilosante. Ya se imaginan lo que pasó por mi mente... 1º Por fin sabía qué tenía... 2º  ¿Qué es esooo?... 3º Negación... 4º Enojo... 5º Aceptación (Tener que cambiar mi estilo de vida pues ya no podía hacer muchas). cosas que me gustaban como el ejercicio).

  • Soñar no cuesta nada:  Me es difícil compartir lo que siento, mi agotamiento, el tiempo que ocupo en hacer los quehaceres de casa,quisiera retroceder y poder ser la persona ágil que era antes, me cuesta tanto tener que levantarme y levantar mi ánimo para continuar trabajando.

  • Historia de mi proceso de EA: Ahora puedo decir que es cuando menos dolores tengo, dado que la columna se ha osificado en el 95% , pero tengo gran afectación en los riñones, por la cantidad de Antiflamatorios que he tomado.

  • Another day in paradise: Por muy mal que esté, nunca tiro la toalla, hay días q no puedo ni levantarme....pero lo hago y voy a trabajar y hago mis tareas en el hogar y juego con mis pekes y si, lo pasas mal...pero estas vivo y vives....qué más se puede pedir..

Y muchos más casos como el tuyo, que podéis leer, aquí¿Quieres compartir tu historia con nosotros? Es sencillo, únete a redpacientes y cuéntanos.


3.3 Asociaciones de pacientes

¿Quieres conocer nuestro apartado de asociaciones? ¿Formas parte de alguna asociación o te gustaría formar parte de una? Entra y ponte al día en nuestra sección Asociaciones. En ella encontrarás la más cercana a tu lugar de residencia y estarás al tanto de las actividades que desarrollan.


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En redpacientes dedicamos una atención especial a conocer más estas organizaciones. Según el último estudio realizado en 2009 existían unas 700 asociaciones de pacientes en España. La mayoría de tamaño pequeño, menos de 200 personas.

Además, la mayor parte de quienes trabajan en ellas son voluntarios; y la fuente de financiación proviene de las cuotas, de las subvenciones y, en menor medida, de las donaciones privadas.

Sus labores abarcan cuatro grandes campos:

  • Apoyo: sin duda, la más primaria de las funciones. Sentirse escuchado, comprendido, encontrarse entre iguales, desahogarse, respaldarse, verse útil… son aspectos que, por muy básica que sea la asociación, siempre aportará.
  • Información: tanto de manera personalizada, o a través de la organización de cursos, jornadas, eventos, conferencias; o bien con la publicación de guías, páginas web… la tarea de informar es una de las razones de ser de cualquier asociación. Una tarea dirigida tanto a los propios miembros (sean pacientes, familiares, allegados) como a la sociedad en general, aunque en este caso la información se convierte en divulgación (en solitario o en conjunto con otra institución) y, en determinados momentos, también pueda transformarse en reivindicación.
  • Asesoramiento: aspectos laborales, jurídicos en general, sociales, asistenciales… la necesidad de respuestas a determinados problemas concretos que se generan en cada enfermedad puede ser articulada a través de la experiencia de los distintos miembros que sufren los mismos casos. Quizás esta labor dependa bastante del tamaño y los recursos de la asociación, pero aunque no sea de una manera formal, el mero hecho de ser un grupo propicia esta clase de función.
  • Promoción: una labor que necesita ya cierta infraestructura, tiempo y dinero, es decir, influencia, es aquella del impulso en el estudio de la enfermedad, bien sea ejerciendo como grupo de presión, colaborando con otras instituciones, promoviendo campañas para recaudar fondos…

4. Más información

En redpacientes queremos ofrecerte la mejor información sobre tu enfermedad y por eso hemos recopilado varios documentos y enlaces de interés. Además, también nos fijamos en los actos y congresos sobre tu enfermedad que pueden interesarte, y en cómo utilizan Internet otros pacientes.

Documentos de interés:




Webs de interés:






Última modificación - 2014-04-08 19:07:41